Nos fuimos al bosque

Nos fuimos al bosque

Nos fuimos al bosque

 

Por una tarde fuimos brujas de una revolución, nos aburrimos de la ciudad y todos sus prejuicios, y como acto de rebeldía nos fuimos al bosque a jugar. Al sacarnos todo de encima, no hablo solo de la ropa, nos pudimos encontrar todas. Nos hicimos cómplices y como buenas brujas convertimos en sapo a quien nos miraba mal, fuimos poderosas, atrevidas y traviesas.

Hablábamos con los árboles y nos reímos con el rio, ningún árbol era igual al otro y ninguna piedra era idéntica a la otra y ambos eran igual de bellos, así nos sentimos. Ninguna igual a la otra y sin embargo todas hermosas. Madres, hijas, hermanas, novias… Las etiquetas se fueron y solo éramos mujeres rompiendo barreras. El acto más noble de una protesta, contra los tapujos de los demás y los propios.

 

Rafaela

 

Una vez más atrevida dirían muchos.... divertido digo yo. Tengo alegría para el resto de mis días con el recuerdo hermoso de cómo sucedieron lo que están mirando, como logramos tanta armonía, complicidad en horas, sin conocernos, nos entregamos a nosotras, a Pralad .... a la vida misma.

 

Ana

 

Antes de llegar a Pralad viví procesos muy oscuros, malas decisiones, un amor desgarrador y tóxico, que trajo traiciones y culminó con un aborto. Después comenzó el proceso de reconstrucción y sanación, así pasaron dos años de emociones intensas siendo el 2018 mi año de amor total. Encontré a Pralad por @Lovelust, con esa foto de unas mujeres posando frente a la Bolsa de Comercio y fue la wea más bacán que había visto. Dije “necesito fotos con él, debo hacer fotos con él”. Se dió la oportunidad de hacer fotos grupales y no la pensé. Estando ahí con él y con otras 6 mujeres fue la experiencia más mágica de mi vida, coronando así la aceptación de mi cuerpo, aceptando a las mujeres de mi alrededor y cuidándonos como si fuésemos amigas de toda la vida.

Pensé que iba a sentir vergüenza, que me iba a sentir incómoda y andar a poto pelao fue lo más increíble, que lejos volvería a repetir una y otra vez, y lo haría con el mismo grupo de brujas.

Eso es Pralad: amor, hermandad, aceptación y liberación.

 

Germeine

 

La relación con mi cuerpo ha sido cambiante desde que tengo memoria. Desde chica me he tenido que enfrentar a entender que los estereotipos femeninos que existían y que aún existen, no son los únicos modos de ser y estar en este mundo y en esta sociedad. De la misma forma, he tenido que aceptar y querer mi cuerpo, mis costillas sobresalientes, mi desarrollo tardío en términos físicos, mi delgadez que no era una delgadez aceptada por mis pares, sino que más bien gatillaba burlas que además se acoplaban a la tergiversación de mi nombre.

Cuando logré superar esa fase, trabajando mi mente y mi cuerpo, cuando aprendí a sentirme bien conmigo misma, a quererme y a perdonar a mi versión del pasado por haber sido tan dura conmigo misma, me di cuenta de todo el cariño que tenía por darme. Entonces comencé a mirarme, detenidamente, a conocerme, y a conocer a las demás por extensión... y nos encontré hermosas.

En esa fase de mi vida, llegó a mi la cuenta de instagram de Pralad, una amiga me la presentó e inmediatamente me enamoré de sus fotos, de su mirada del cuerpo femenino, de su forma de presentarnos a todas. Amé la forma en que todos los desnudos que fotografiaba mostraban más que sólo el físico de las mujeres que aceptaban el desafío y accedían a tomarse fotos con él.

Cuando ya no podía más de amor por estas fotos, decreté que si había algún tipo de convocatoria abierta y yo tenía el tiempo para ir, asistiría como fuera. Y ese día llegó, casi un año más tarde. De repente me vi corriendo mis compromisos y reservando ese día para esto. Me emocionó mucho la idea de participar con otras mujeres en fotos colectivas, creo que tener la experiencia de participar, crear o visitar un espacio de mujeres donde la presencia masculina es casi tangencial a lo que ahí se gesta, es casi un obligado quienes queremos ver el mundo desde fuera de los parámetros patriarcales, y sin duda, un punto inicial para experimentar la sororidad.

La experiencia fue más de lo que hubiese podido imaginarme. Creo que cuando te desnudas no sólo te quitas la ropa -sacarse la ropa puede hacerlo cualquiera, de algún modo todo lo hacemos en el día a día-, pero enfrentarte al mundo y a ti misma y ponerte encima todo aquello que eres, hacerte cargo de tu ser, es el desafío más grande... más que desnudarte, te "ennudas" y en el proceso te desanudas, te desatas y te encuentras a ti misma. Y encontrarme con esas siete mujeres (me incluyo) no pudo haber sido más mágico, sanador y revolucionario.

 

Rayen