...un Viernes Santo

...un Viernes Santo

...un Viernes Santo

 

¿Miedo? ¡No más!

Desde que nacemos nos inculcan a la mayoría el miedo a mostrarnos tal cual somos, el pudor hacia nuestros cuerpos y la disconformidad con el mismo gracias a los prejuicios impuestos por la sociedad en la que vivimos, hoy la misma sociedad esta dando un vuelco, esta entendiendo y se esta atreviendo a romper esquemas. Hoy me toco ser parte de la maravillosa experiencia frente al lente de Pralad junto a un grupo de increíbles mujeres valientes, a las que sentí como hermanas al posar juntas.

Iba con miedo... era mi primera sesión, pero a la vez me llenaba de intriga sentir la libertad que todas menciona al posar para él.

Hoy a mis 26 años al fin sentí la sensación de libertad absoluta en el lugar más inesperado, el centro de Santiago, no me sentí atrapada en el, si no parte de el como un ladrillo más de la ciudad, me sentí libre, valiente, segura de mi entorno y aún mas importante un amor absoluto por mi cuerpo, lo sentí perfecto tal cual era y no rechazo al mostrarlo como antes.

Al liberar mi cuerpo también liberé mi alma.

 

Francisca

 

Tener la oportunidad de vivir la experiencia de salir de tu zona de confort y mostrarte sin tabúes, vulnerable, sólo con tu piel de vestimenta y tu actitud es una de las cosas más maravillosas.

También comprendes que la desnudez es algo que va más allá algo sexualizable o con un único propósito. Vinimos al mundo desnudos y hermosos y poco a poco vamos olvidando eso. Nos volvemos inseguros y reprimidos dejando a un lado que cada uno tiene un cuerpo único que nos protege y cuida nuestra esencia. Más que para alguien más, desnudarse tal vez sea uno de los actos de amor propio más bonitos que existen.

 

Nore

 

Creo que nunca había podido sentir tanta libertad como la que sentí esa fría mañana de Viernes Santo.

Te levantas a las 5 de la mañana, buscas ropa adecuada, un abrigo largo nos recomienda Pralad, vas nerviosa en el Uber o en la micro camino al encuentro. Cuando llegas ves a varias como tú, con abrigo largo con caras de nervios y ansiedad, conversas con ellas, nos reímos, nos relajamos. De repente, nos vemos todas sacándonos la ropa, cubriéndonos entre nosotras, con el corazón a mil esperando la señal. Corres a máxima velocidad con su respectivo gritito de nervio y posas de la manera más natural posible.

Me siento tan libre desde el momento en que me desvisto. Disfrutar el frio, el viento y el calor humano que nos damos entre nosotras. Esta es una de las experiencias que crees que nunca harás, pero ahí te ves a “poto pelao” corriendo por la ciudad.

No hay maneras de agradecer la oportunidad que nos da Pralad para empoderarnos frente al mundo y a esta bella capital, que a pesar que a veces la criticamos harto, también nos da espacios bellos los cuales admirar.

 

Pochi